Una apoplejía es la muerte súbita e instantánea de células cerebrales tras una
interrupción de la circulación de la sangre en el cerebro.
Las apoplejías isquémicas se producen normalmente cuando un coágulo de sangre
obtura alguno de los vasos sanguíneos del cerebro, provocando un cese temporal o
permanente del suministro de oxígeno al cerebro. Es la forma más común de
apoplejía, ya que supone un 80% de los casos.
Las apoplejías hemorrágicas suponen el 20% restante y se producen por la
ruptura de un vaso sanguíneo en el cerebro, que provoca un derrame en el tejido
cerebral y deja sin oxígeno a algunas zonas del cerebro. Dependiendo del área
del cerebro afectada, una apoplejía puede provocar una parálisis en brazos,
piernas y músculos faciales, debilidad, pérdida de visión y de habla,
inconsciencia o incluso la muerte.