La cocaína es un fuerte estimulante del sistema nervioso central que
interfiere con el proceso de reabsorción de la dopamina, un mensajero químico
asociado con el placer y el movimiento. La acumulación de la dopamina resulta en
una estimulación continua de las neuronas “receptoras”, lo cual está asociado
con la euforia comúnmente reportada por los abusadores de la cocaína.
Los efectos físicos del consumo de la cocaína incluyen la constricción de los
vasos sanguíneos, dilatación de las pupilas, y aumento en la temperatura,
frecuencia cardiaca y presión arterial. La duración de los efectos eufóricos
inmediatos de la cocaína (que incluyen hiperestimulación, claridad mental y
disminución de la fatiga) dependen de la forma de administración. Cuanto más
rápida sea la absorción, más intensa será la euforia pero más breve será su
duración. La euforia puede durar de 15 a 30 minutos si se inhala la cocaína y de
5 a 10 minutos, si se la fuma. Un aumento en el uso de la cocaína puede reducir
el período de tiempo que el usuario se siente eufórico y aumenta el riesgo de
adicción.
Fuente: GreenFacts, basado en National Insitute on Drug Abuse de EE.UU.
El crack y la cocaína.
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Su consumo prolongado puede dañar ciertas regiones cerebrales y causar la
pérdida de determinadas capacidades mentales, depresión, problemas de movilidad
y reducir la velocidad de reacción.