La mayoría de los bienes y servicios medioambientales, tales como la limpieza
del aire y del agua o la buena salud de las poblaciones de peces y de otras
poblaciones salvajes, no se comercializan en los mercados. Su
valor económico (es decir, cuánto estarían
dispuestas a pagar las personas por ellos) no se refleja en los precios del
mercado. La única posibilidad de asignarles un valor monetario es basándose en
métodos de valoración no mercantiles.
Sin estas estimaciones de su valor, estos recursos pueden verse implícitamente
devaluados y pueden tomarse decisiones respecto a su empleo y su administración
que no reflejen adecuadamente el valor que realmente tienen para la sociedad.
En economía existe una diferencia fundamental entre bienes y servicios
mercantiles y no mercantiles. Los bienes y servicios en una economía de libre
mercado se venden a un precio que refleja el equilibrio entre los costes de
producción y cuánto se está dispuesto a pagar.
Algunos bienes y servicios medioambientales, como el pescado o las algas, se
comercializan en los mercados y sus valores
pueden ser observados directamente. A la inversa, un bien o servicio no
mercantil es algo que no se compra o vende directamente. En consecuencia, un
bien no mercantil carece de valor monetario observable. Ejemplos de esto son ir a la playa, observar fauna o bucear en un arrecife de
coral.