Proceso sistemático de mejora continua de las políticas y prácticas de
gestión, que consiste en aprender de los resultados de políticas y prácticas
utilizadas anteriormente.
En la gestión activa de adaptación, se trata a la gestión como a un
experimento deliberado con el objetivo de aprender.
En la gestión activa de adaptación, los que se encargan de la
gestión diseñan prácticas que identifican y comparan los diferentes modelos
alternativos y por lo tanto dan con la "mejor" forma de gestión. Esto implica
que a veces prueban prácticas que difieren de las "normales". De esta forma
pueden determinar como responderán los indicadores a las diferentes condiciones.
En la gestión pasiva de adaptación, los que se encargan de la
gestión eligen la "mejor" opción de gestión, asumiendo que el modelo que sirve
de base para las predicciones es correcto.
Estos dos tipos de gestión de adaptación necesitan una aplicación y un control
cautelosos, una evaluación de los resultados y un ajuste a los objetivos y las
prácticas. La gestión de adaptación activa suele permitir una interpretación de
los resultados más fiable y un aprendizaje más rápido.